Caminando encuentro mi destino.
Viajo ligero de equipaje;
la melancolía mi único traje
o el recuerdo de mi olvido:
mi memoria, es un trofeo perdido.
Sin tiempo para otra copa,
busco de boca en boca
vagando entre desconocidos,
lágrimas de hierro fundido.
Mi recuerdo es efímero y fugaz,
mi huella del todo incapaz.
Mi alma, un reloj malherido.
Y si “caminante, no hay camino”,
estoy pues condenado:
seré un fantasma errado,
alguien equivocado,
en un mundo sin sentido.

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